Siempre he pensado que en nuestras vidas hay gente especial, unas que llegan y se van y también de las otras, que llegan para quedarse, como mi querido R.
A R lo cocnocí hace poco. A pesar de que frecuentamos por casi 4 años los mismos pasillos y aulas universitarias y algua vez hasta llevamos juntos algún proyecto, sólo lejos de nuestras propias vidas fue que el uno encontró al otro.
Conversaciones largas, bromas pesadas, caminatas juntos, noches de melancolía, risas, miedos: una buena mezcla que llegó a configurar lo que ambos tenemos hoy.
Dice R que nos une un hilo metafísico al que él llama Desamor, pienso lo mismo, pero a ese lazo metafísico prefiero cambiarle de nombre y llamarle Amistad… lo del Desamor también nos une, pero sé que ello acabará y algún día G y R encontrarán nuevas letras con las cuales unirse (para buena suerte nuestra lo del desamor no es eterno, al menos eso espero).
Hoy R está lejos, tal vez penando en B y odiando a “I”, tal vez como yo que a veces pienso en C mientras odio a “J”… y digo tal vez porque como lo decía aquel post tuyo R, ahora By C son sólo unas letras más del abecedario de nuestras vidas, pasarán al recuero y algún día tú y yo nos reiremos de ellos.
Mi querido R gracias por llevarte mis sonrisas y por regalarme tu amistad a diario, gracias por tus pronósticos tan acertados .esos que sólo tú, yo y el comedor de El Comercio conocemos-, gracias por las palabras tiernas, por la música, por los puchos y también por el alcohol compartido. Gracias porque a veces te zambulles por mí en el Excaibur y porque sé que me recuerdas con cariño, gracias porque me haces confirmar que es cierto que todos tenemos un ángel y que ese ángel no necesariamente debe tener alas.